En 2003, el estado de Indiana (USA) llamó a una licitación para aggiornar el sistema informático estatal dedicado a procesar las demandas por desempleo. Tata America International, que es la filial de la india Tata Consultancy Services, pasó un presupuesto de US$ 15.2 millones, es decir, US$ 8.1 millones menos que sus rivales más cercanas: las neoyorkinas Deloitte Consulting y Accenture Ltd. En otras palabras, una consultora india había ganado el contrato para actualizar el departamento de desempleo del estado de Indiana, ¡ni más ni menos! Imposible decirlo más suavemente: Indiana estaba subcontratando la oficina misma que se ocupaba de amortiguar el desempleo de su población producto de la subcontratación de empresas norteamericanas en India y China.
Duente: ¡Vamos niño! Sube aquí y dile al agradable señor en Bangalore, India, qué te gustaría para Navidad. / Niña: No lo puedo creer... Han subcontratado a Santa.
Fue entonces, en 2004 cuando el contrato se hizo público, que los republicanos lo hicieron un issue de campaña. De hecho, se volvió una “papa caliente” políticamente hablando que el gobernador de Indiana, el demócrata Joe Kernan, “resolvió” cancelando el contrato y solicitando el establecimiento de barreras legales para evitar que esto volviera a suceder. A continuación, el Indianapolis Star, informó que un cheque por US$ 993.587 había sido enviado a Tata por las ocho semanas de trabajo que había puesto a trabajar a 45 programadores de software. Ud. se estará preguntando: ¿qué tiene que ver todo este caso de análisis con el anterior post? Verá: desde siempre, los politólogos han tratado de dar respuesta a las “incómodas” preguntas relativas al poder. ¿Es posible la igualdad? ¿Qué es el gobierno? ¿Existe el pueblo? ¿Tiene poder el pueblo? ¿Quién domina a quién? Y puedo seguir si quiere. Pero si nos remitimos al ejemplo que Thomas Friedman tituló “India vs. Indiana”, ¿se atrevería a responder Ud. quién domina a quén? La filial de la consultora india, le ahorraba a los contribuyentes de Indiana US$ 8.1 millones reparando sus computadoras (es decir, usando empleados de la india y algunos pocos de Indiana). El acuerdo beneficiaba a la filial americana de Tata, beneficiaba a algunos trabajadores norteaemricanos y le ahorraba varios dólares de impuestos a los ciudadanos que podrían haver sido usados para la construcción de escuelas… o para reducir el desempleo. Aún así, el contrato firmado por demócratas en pro del empleo nacional, fue resistido por las filas republicanas a favor del libre mercado. ¿Cómo se reorganiza todo esto? ¿Quién explotó a quién? ¿El gobierno indio a sus trabajadores? ¿O el gobierno norteamericano a los indios? ¿O fueron los indios los que provocaron desempleo en Estados Unidos? ¿O los trabajadores/contribuyentes norteamericanos salieron beneficiados con el acuerdo? El “duelo” India vs. Indiana pone de manifiesto el proceso de globalización que ha llegado para quedarse. Y cuando eso sucede, probablemente Ud. que me está leyendo ahora, sea uno de los que se quede sin trabajo debido a la subcontratación (o a los ingenieros más baratos de otro país). Pensar en estas realidades, que serán cada vez más recurrentes en el “mundo plano”, no es una cuestión menor. De la resolución de estos interrogantes, dependerá la vida de miles de millones de personas, y si Ud. me pregunta quiénes son los capacitados para dar respuestas, creo no dudar: los politólogos, los sociólogos y los relacionistas internacionales. Nosotros vivimos ocupados de estos problemas. Es lo que estudiamos. Es lo que nos apasiona. Lamentablemente, como ya he señalado, la sociedad no sabe qué esperar de nosotros. Y eso es un problema. En otros países del mundo, ya muchos politólogos, sociólogos y relacionistas, se encuentran pensando en posibles soluciones a los problemas que se vienen (o que ya están entre nosotros). * El ejemplo de “India vs. Indiana” no es una transcripción literal del texto de Thomas Friedman, razón por la cuál, si desea acceder a él, es preciso que confronte:Fue entonces, en 2004 cuando el contrato se hizo público, que los republicanos lo hicieron un issue de campaña. De hecho, se volvió una “papa caliente” políticamente hablando que el gobernador de Indiana, el demócrata Joe Kernan, “resolvió” cancelando el contrato y solicitando el establecimiento de barreras legales para evitar que esto volviera a suceder. A continuación, el Indianapolis Star, informó que un cheque por US$ 993.587 había sido enviado a Tata por las ocho semanas de trabajo que había puesto a trabajar a 45 programadores de software.
Ud. se estará preguntando: ¿qué tiene que ver todo este caso de análisis con el anterior post? Verá: desde siempre, los politólogos han tratado de dar respuesta a las “incómodas” preguntas relativas al poder. ¿Es posible la igualdad? ¿Qué es el gobierno? ¿Existe el pueblo? ¿Tiene poder el pueblo? ¿Quién domina a quién? Y puedo seguir si quiere. Pero si nos remitimos al ejemplo que Thomas Friedman tituló India vs. Indiana, ¿se atrevería a responder Ud. quién domina a quién?
La filial de la consultora india, le ahorraba a los contribuyentes de Indiana US$ 8.1 millones reparando sus computadoras (es decir, usando empleados de la india y algunos pocos de Indiana). El acuerdo beneficiaba a la filial americana de Tata, beneficiaba a algunos trabajadores norteamericanos y le ahorraba varios dólares de impuestos a los ciudadanos que podrían haver sido usados para la construcción de escuelas… o para reducir el desempleo. Aún así, el contrato firmado por demócratas en pro del empleo nacional, fue resistido por las filas republicanas a favor del libre mercado.
¿Cómo se reorganiza todo esto? ¿Quién explotó a quién? ¿El gobierno indio a sus trabajadores? ¿O el gobierno norteamericano a los indios? ¿O fueron los indios los que provocaron desempleo en Estados Unidos? ¿O los trabajadores/contribuyentes norteamericanos salieron beneficiados con el acuerdo?
El “duelo” India vs. Indiana pone de manifiesto el proceso de globalización que ha llegado para quedarse. Y cuando eso sucede, probablemente Ud. que me está leyendo ahora, sea uno de los que se quede sin trabajo debido a la subcontratación (o a los ingenieros más baratos de otro país). Pensar en estas realidades, que serán cada vez más recurrentes en el mundo plano, no es una cuestión menor. De la resolución de estos interrogantes, dependerá la vida de miles de millones de personas, y si Ud. me pregunta quiénes son los capacitados para dar respuestas, creo no dudar: los politólogos, los sociólogos y los relacionistas internacionales.
Nosotros vivimos ocupados de estos problemas (algunos, claro, con mayor capacidad que otros). Es lo que estudiamos. Es lo que nos apasiona. Lamentablemente, como ya he señalado, la sociedad no sabe qué esperar de nosotros. Y eso es un problema. En otros países del mundo, ya muchos politólogos, sociólogos y relacionistas, se encuentran pensando en posibles soluciones a los problemas que se vienen (o que ya están entre nosotros).
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El ejemplo de India vs. Indiana no es una transcripción literal del texto de Thomas Friedman, razón por la cuál, si desea acceder a él, es preciso que confronte: FRIEDMAN, Thomas. La tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado del siglo XXI, Bs. As., Booket, 2008, pp. 218-221. Para leer una versión resumida en inglés, clic aquí.
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